En el regreso al archivo de GFD (mis disculpas por haber descuidado la página), y con motivo del Draft que comienza hoy, decidí re-publicar una de las primeras y una de las últimas historias que escribió para ESPN. Ambas con un mismo eje: los dos primeros picks del Draft de 1998. O sea, las historias de Ryan Leaf (serie "Soy...") y de Peyton Manning (Serie "Algo que quizá no sabías de..."). Primero irá la historia del ex-Colt y actual Bronco, ya que describe más que nada cómo fue aquella difícil elección para el equipo de Indianápolis. Y luego, la de Leaf, cuyo derrotero tras la publicación de la nota continuó. Espero que les guste.
Historias de NFL por Gustavo Fillol Day
Archivo de sus textos escritos para ESPN.
jueves, 25 de abril de 2013
domingo, 10 de marzo de 2013
Soy Bob Griese (Capítulo 7 -último-)
George Allen no se equivocaba muy a menudo. Durante su exitosa carrera como entrenador en jefe de los Rams y de los Redskins, demostró que se equivocaba bastante poco. Pero en mi opinión cometió un error en el Super Bowl VII, al dejarse engañar por el tamaño no muy imponente de Fernandez, y pensar que iba a poder bloquearlo con un solo hombre.
Nuestro tackle defensivo, no muy pesado, pero sí fuerte, ágil y rápido, superó constantemente esa tarde al centro Len Hauss, y terminó con 17 tacleadas.
Yo creo que Fernandez merecía el premio al Jugador Más Valioso del Super Bowl, pero está bien que se lo hayan dado a Scott. Él era un símbolo de nuestra defensiva, y logró dos intercepciones en el partido.
Sin embargo, el hombre clave para salvar el juego, tras el embrollo en que nos había metido Yepremian, no fue ni Fernandez ni Scott. Fue el ala defensiva Bill Stanfill.
Con el marcador 14-7 y poco más de 2 minutos en el reloj, Allen enfrentaba la decisión de entregarnos el balón, o intentar una patada corta.
En este caso no se equivocó. Con tres tiempos fuera en su poder, pateó el balón al fondo y confió en su defensiva, buena parte de la cual estaba conformada por ex jugadores suyos de los Rams, a quienes había importado a Washington. Por eso algunos los llamaban los "Ramskins".
Un pase de 11 yardas a Warfield nos dio un primer intento, pero después nos vimos forzados a despejar.
Levy, como era de prever, envió una carga feroz contra Seiple, quien casi de milagro consiguió dar la patada antes de que lo devorara la jauría de Redskins.
Washington iniciaba su última marcha desde su yarda 30, con 1:14 por jugar.
Shula, quien estaba 0-2 en Super Bowls, luego de haber perdido uno con los Colts y uno con nosotros, dependía ahora de su defensiva para no perder el tercero.
sábado, 9 de marzo de 2013
Soy Bob Griese: Capítulo 6 (anteúltimo)
Tal vez por ser el representante de la NFC, considerada más poderosa que la AFC en aquellos primeros años de la fusión, o quizá por haber eliminado en playoffs a Green Bay y Dallas con llamativa facilidad, Washington era favorito por 2 puntos en el Super Bowl VII.
Sin embargo, en la mente de Shula no cabía la posibilidad de perder ese juego.
El entrenador nos había hecho mirar una y otra vez el video del Super Bowl anterior, para asegurarse de que nadie volviera a hacernos lo que nos había hecho Dallas.
Nos repetía una y otra vez que, si no ganábamos este Super Bowl, no sólo desperdiciaríamos el esfuerzo del 16-0, sino que seríamos por siempre recordados como los perdedores, los que se ahogaban en los momentos decisivos.
Después de jugar a las adivinanzas con la prensa durante unos días, Shula por fin confirmó lo que todos imaginaban: yo sería el mariscal de campo titular frente a los Redskins.
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| Los Redskins llegaban como favoritos por 2 puntos |
Salvo que su hijo David dijera lo contrario...
Sólo fue una broma de David, pero traería consecuencias nefastas.
"Ey, Bob; aquí tenemos un mariscal que podría reemplazarte", gritó David Shula, desde un costado del campo durante una práctica en Los Ángeles, un día antes del partido.
David se refería a Yepremian, nuestro pateador, quien le estaba lanzando pases de 30 yardas con sorprendente precisión.
Yo forcé una risa cómplice para no desairar al hijo del entrenador, y seguí con lo mío. Sin imaginar lo que sucedería al día siguiente.
En la mañana del 14 de enero de 1973 llegamos al Memorial Coliseum, dispuestos a conseguir nuestra victoria Nº 17 de la campaña.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Soy Bob Griese (Capítulo 5 -antepenúltimo-)
En el Mercy Hospital de Miami me informaron que tenía una fractura en la pierna derecha, además del tobillo derecho dislocado.
Morrall me comentó que East se le acercó durante el partido y le dijo: "Dile a Griese que no quise lastimarlo".
Yo no necesitaba una disculpa. Sé reconocer cuando hay mala intención, y la jugada de East no había sido sucia.
Morrall completó el partido ante los Chargers con dos pases de touchdown, y ganamos 24-10.
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| El destino del equipo quedaba en manos de Morrall |
Pero la prensa nos daba por acabados.
"Griese fuera por la temporada", titulaban los diarios. "Se desvanece la ilusión de Super Bowl de Miami".
En la Semana 6 nos visitó Buffalo, y el escepticismo de los críticos pareció confirmarse, cuando los relativamente débiles Bills estuvieron a punto de irse del Orange Bowl con una victoria.
Morrall lanzó una intercepción y ningún touchdown, y ganamos agónicamente por un punto: 24-23.
Sin embargo, luego de ese susto, Morrall entró en confianza, Shula realizó los ajustes necesarios, y las cosas marcharon sin tropiezos el resto de la temporada regular.
domingo, 24 de febrero de 2013
Soy Bob Griese (Capíulo 4)
Shula tenía que tomar una medida peligrosamente impopular, de cara a la temporada de 1972.
El entrenador quería darle la titularidad a Morris sobre Kiick, pero temía generar una controversia en el vestidor.
En esto, el hombre clave era Csonka.
El fullback era amigo íntimo de Kiick, y eso era lo que más le preocupaba a Shula.
Si Csonka tomaba partido por Kiick, el entrenador iba a quedar en una posición incómoda, y la química del vestidor iba a verse amenazada.
En la semana previa al juego inaugural en Kansas City, cuando Shula dio a conocer la lista de titulares para enfrentar a los Chiefs, se hizo un silencio en el vestidor, al ver lo que estaba escrito: "QB 12 Griese, FB 39 Csonka, RB 22 Morris..."
Lo primero que hice fue mirar a Zonk.
Lo primero que él hizo fue rodear con su brazo los hombros de Kiick.
Más tarde vi a ambos conversando en voz baja. Me acerqué a ellos, dispuesto a mediar a favor de Shula, en caso de que estuvieran despellejando al entrenador.
Lejos de eso, Zonk le estaba diciendo a su amigo que, si lo que ambos querían era ganar, no había mejor entrenador para ganar que el nuestro.
Esa escena quedará por siempre grabada en mi mente, no sólo porque significaba que el potencial conflicto estaba resuelto, sino porque me dejó ver la clase de gente que eran Csonka y Kiik.
No sólo siguieron adelante sin quejarse, sino que se preocuparon por hacerle sentir, al nuevo RB titular, que ahora la fraternidad de corredores ya no sería de dos, sino de tres.
Morris inició el juego contra los Chiefs, y Shula distribuyó la carga en forma matemática: por cada acarreo de Kiick le dio dos a Morris y tres a Csonka.
jueves, 21 de febrero de 2013
Soy Bob Griese (Parte 3)
Pese a las bromas de Zonk, Kiick también era un tipo duro. Lo vi jugar partidos en condiciones en que otros no se habrían levantado de la cama. Pero claro: cualquier dureza era poca, al lado de Csonka.
A Kiick todo le salía en forma natural, sin esfuerzo. Con su habilidad podría haber brillado en cualquier deporte. De hecho, él aseguraba que su especialidad era el básquetbol.
Decía que odiaba ejercitarse, y que no necesitaba estudiar.
"No sé absolutamente nada de fútbol americano", me comentó un día. "Siempre tengo miedo de que me pregunten algo que supuestamente debería saber, y que en ese momento todos descubran que no sé nada. Creo que el desarrollo de mi inteligencia se detuvo a los 17 años".
Csonka era exactamente lo opuesto. Le gustaba estudiar el libro de jugadas, y le encantaba el gimnasio.
Cuando estaba en Syracuse, un compañero le dijo a Csonka que podía fortalecer sus antebrazos golpeando objetos duros. Ese verano, el padre de Csonka llamó a Syracuse, rogando que por favor se llevaran a su hijo, porque estaba derribando las paredes de la casa.
Uno podía notar que Csonka disfrutaba en los entrenamientos, aunque, al igual que el resto de nosotros, consideraba que algunos ejercicios de Shula eran demasiado agobiantes.
"Vi una práctica de los Jets por TV", le dijo un día Zonk a Shula. "Ellos lo hacen sin equipamiento. ¿Por qué no podemos practicar como ellos?"
"Porque si practicáramos como ellos", le respondió Shula, "no ganaríamos".
Aunque discutían a menudo y en alto volumen, había un gran amor entre Shula y Csonka.
"Padre e hijo húngaros", los llamaba Kiick.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Crónica de una elección
En la temporada de 1981, dos años después de haber reclutado a Joe Montana, San Francisco superó a Dallas en el juego de Campeonato de la NFC.
A partir de ese momento, por el resto de la década de los '80, siempre con Montana como mariscal, los 49ers ganarían cuatro Super Bowls, y los Cowboys ninguno.
Lo peculiar de esta historia es que meses antes del draft de 1979, Montana tenía encandilados a los directivos de Dallas. Era el jugador que más rápido estaba escalando posiciones, en la lista de candidatos de los Cowboys.
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| Montana en la universidad, en 1978 |
Los 49ers, en cambio, ni lo miraban.
Los Cowboys no pudieron evitar mirarlo, porque lo tuvieron frente a sus narices en el Cotton Bowl de Dallas, aquella célebre tarde de enero del '79. Lo vieron tomar sopa en las laterales para combatir una gripa, bajo una de las peores olas de frío en la historia de Texas. Lo vieron remontar heroicamente una desventaja de 22 puntos en el último cuarto. Lo vieron lanzar un pase de touchdown en los segundos finales, para el agónico, inolvidable triunfo de Notre Dame sobre Houston por 35-34.
En California, mientras tanto, los 49ers estaban demasiado preocupados ante la cantidad de huecos que tenían en la plantilla. Acababan de cambiar de entrenador en jefe, y el recién llegado, Bill Walsh, había heredado un equipo deshilachado, que venía de una temporada de 2-14.
Walsh no tenía tiempo, ni cabeza, ni ganas de andar fijándose en un mariscal que dos años antes era apenas el QB Nº 3 en la plantilla de Notre Dame.
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